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“Tus raíces son tan fuertes que de ningún modo dejarás de amar a tu pueblo, sin importar los golpes de la existencia, sino la calidad de vida, su gente y sus pasiones” Al oriente de Caldas se encuentra una población que hace aproximadamente 170 años fue fundada por Ambrosio Cardona, Gerardo Giraldo, y entre otros. Hombres que con el sueño de convertir un collado verde que por poco y alcanza las nubes, poblado por algunos latifundios y grandes guayabales sembraron la esperanza de convertir éste en un gran legado para los que hoy hacen parte de esa misma cultura. Un pueblo donde no solo se inhala aire puro, donde quienes lo habitan formen una sola familia con creencias, personas que con el pasar de los años sigan cultivando esta gran ilusión. Hoy, convertida en la tierra que muchos cortejamos y no nos incomodamos al decir con ensueño <<soy de allí de esta pequeña pero pujante villa>>. Este propósito se fue cumpliendo con el pasar de los años. Cada casa, cada cuadra, su colegio, sus escuelas, el terreno que cobija el puesto de salud donado por mi recordado y fantástico bisabuelo, el verde de sus montañas y eternas vigilantes de la calle de honor forman el tren varado, nombre que refleja desde lejos sus vagones cargados de sentimientos y valores compartidos como una sola familia. Así mismo en la noche, sus luces titilando suavemente asemejan un tren que metafóricamente nunca ha encendido motores, pues las moradas que forman las berlinas siempre están en el mismo sitio. El carril donde está reposando el gran Fausto es de un kilómetro de grande, formando una sola calle en la que a lado y lado tropezarás con lindas mansiones hechas en madera, algunas ya reformadas porque con el pasar de los años se han deteriorado un poco, viviendas que aún las sostienen vigas de madera, no creas que solo soportan un piso, lo hacen con dos tres y más (…) Algo que hace diferente a este lugar es su infraestructura; sus casas aparentan ser de un solo suelo, pero al momento de entrar a ellas te darás cuenta que tienen un precipicio bastante alto. Un pequeño recorrido y toparás con la iglesia que no se encuentra ubicada en el parque, (típico en otros pueblos) pero sí en la mitad del tren. Un puente une la salida con la calle principal, debajo de esta estructura no percibirás un río, atinarás con un paisaje de guadua que con su matiz te hace sentir libre reflejando un pasaje que nos viste de tonalidades, dejando ver en él un mundo del que no quieres salir. Como es típico en un pueblo colombiano, la calle principal es aquella que refleja su economía y costumbres, Bolivia “el tren del oriente” se esparce de principio a fin para que su gente explote sus recursos y comparta sus tradiciones, ya que cada vagón aún conserva su distancia pero respeta su espacio. En esta línea que espaciosamente caminas, verás vestido de rojo y blanco el COLEGIO JOHN F KENEDY, lugar donde muchos aprenden, sueñan viven y sienten la necesidad de seguir aportando algo para lo que carga este tren, aquel que desde años atrás ofrece todo para decir una y otra vez: "de Bolivia al cielo” * Con empeño y firmeza la gente sigue a través del legado de los fundadores una comarca para todos, aquella que con los años aprendió a vivir del cultivo de café (principal fuente de empleo y sustento financiero) el plátano, la caña de azúcar, la ganadería entre otras. Es incomparable observar la manera en que los campesinos y caficultores al recorrer cada mañana los cafetales recolectan en sus baldes cada grano rojo para formar con él lo que trasciende al aspecto económico de la región que cubre las montañas llenas de gente que lucha día a día por el bienestar de cada familia y a quienes los rodean. Su gente, amable y acogedora con cada pasajero que llega a abordar el tren, hacen honor a éste celebrando por más de una década las Fiestas del Café, las cuales son festejadas cada 2 años, resaltando la pujanza de su gente, el valorar que el hombre boliviano construye al levantarse cada mañana para cumplir la labor caficultora y apreciar lo que conforma una sociedad como la de el tren del oriente. Hoy se hace imposible borrar de la memoria aquellas moliendas donde con la familia y amigos se pasaban noches enteras conociendo cómo el fuste de la caña de azúcar al deslizarse por un trapiche, que entre sollozo soltaba un suave guarapo convirtiéndolo en una dura y dulce panela. Sumado a lo anterior, hoy en día el tren del oriente se está convirtiendo en el constructor y generador de nuevos talentos y gente capacitada, profesionales con interés por la formación humana: Abogados, Ingenieros, Comunicadores, Licenciados, Militares con reconocimientos de altos mandos, Médicos y muchas otras tareas que contribuyen al desarrollo de un pueblo lleno de cultura, conocimiento y capacidad para afrontar a través de sus procedentes y oriundos los nuevos retos que afronta la sociedad del futuro.
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